miércoles, 25 de marzo de 2015

Reto 2: Feo, frutal y femenino

En este segundo reto intenté varias propuestas: 
Un protagonista que piense y hable como mujer (propuesto por Nere)
Utilizar un tema frutal y con un puberto Rhino como protagonista (Propuesto por Estefanía)
Que el protagonista sea feo (Propuesto por Daniel)

Tal vez fueron demasiadas cosas, intentaré integrarlas tal vez después de mejor manera. Por ahora, espero que disfruten.

Reto: Aventura frutal

La chava Cano era la más popular de la escuela. Todos se rompían el coco por probarla aunque fuera un momento. Excepto Rhino, él parecía tener otros intereses aparte del sabor superficial. Ojalá yo fuera uno de ellos. Lo veía caminar, con sus pasos pesados como sandías, pero con ojos ligeros como algodón dulce, y a veces, cuando veía a alguien con cariño, una sonrisa de envoltura de chícharo. Siempre la había visto de lado, sobre todo dirigida a su amigo el Aguacate (morenito y de ojos verdes), a veces hacia la nada, hacia una zeta que siempre lo acompañaba decía misteriosamente. Pero hoy vi por primera vez su sonrisa de frente ¿acaso se dirigía a mí? Yo estaba toda roja como tomate. Volteó hacia abajo ¿me estaba mirando las fresitas?

-        ¡Vegeta!
-        ¿Qué?
-        Tu blusa.
-        Ah… sí.
-        ¿Sabías que todos los saiya-jin tienen nombres de vegetales? Incluso la palabra “saiya-jin” significa ensalada.
-        Ah… sí.
-        No conversas muy seguido ¿verdad?
-        Ah… sí… que diga… no… que diga…
-        No te preocupes, me llamo Rhino, pero me dicen el Verdura.
-        Ah, yo soy Dulce, ¿por qué Verdura?
-        Porque siempre tengo la verga dura.
-        Ahh… ¿Qué?
-        ¿Te gustaría que reventara tu cereza?

Y sonrió otra vez. Esa sonrisa que me provocaba suficiente calor para derretir mi bombón. Solo acerté a reír y seguirle sumisamente cuando tomó mi mano. Me llevó a la cocina de la cafetería XES en la escuela. Nunca había entrado ni siquiera a la zona de mesas, me parecía que sólo iban los más fresas y populares, y no me atrevía a acercarme. Cuando las cocineras nos miraron entrar, salieron con un rostro entre de envidia y complicidad. Antes de que la última estuviera afuera, me preguntó "si te muestro el hitsuzen, y te gusta ¿me permitirás verte en ropa interior?". La chica aceleró el paso pero no tanto como se aceleró mi pulso. Le dije que tal vez no me gustaría, pero en cuanto vi el final casi sola se me desgajó la ropa.

Me daba mucha pena, no porque me estuviera haciendo algo que no quisiera, sino porque caían las cáscaras que me protegían, que disminuían el asco que pudiera sentir al verme. Tenía miedo que cuando yo estuviera completamente pelada, junto con mi ropa se fuera su sonrisa. Pero no, ahí estaba él, sabroseándome mi cuerpo, pero sobre todo, devorando mi mirada. Sin dejar de mirarme a los ojos, mordisqueó mis fresas, las introdujo por completo en su boca, en donde hacía lo que quería con ellas cual chicle. Sentí lástima de la chava Cana y sus melones que no cabrían en la boca de nadie, y nunca conocería eso que Rhino me hacía a mí. Magulló mi durazno, metiendo el dedo hasta su corazón. Mientras gemía, tomé su cacahuate, aunque sin saber qué hacer con él. Creo lo que sea que hice o no hice, no pudo ser tan malo, pues lo sentí poco a poco convertirse en pepino. Sacó los dedos, me volteó, y envolvió su cacahuate vuelto pepino picante en mi durazno vuelto papaya en aceite. Lo que siguió fueron preparados con molcajete, licuado y molido, con un toque de glaseado al final.
Me sentía satisfecha, pero Rhino era una constante invitación a la gula. Me pensaba levantar, y volver al mundo real. Quien sabe si algún día me volvería a hablar. Si esto volvería a suceder. Tal vez no, tal vez soy de una sola vez. Tal vez esto fue una clase de apuesta a ver si se acostaba con la más fea. Tal vez todo había acabado y quedaría en la memoria como un perfumado sueño. Resignándome mientras apoyaba mis rodillas al suelo lo escuché exclamar:

-¿Se te antoja hacer chocobanana?


Supongo que la realidad puede esperar.

martes, 24 de marzo de 2015

Texto con limitaciones: la negativa

Texto utilizado para retomar la escritura literaria. El reto propuesto por el Dr. Antonio Vélez es no usar la palabra no. Fue fácil porque no me prohibía hablar de manera negativa, y de hecho, decidí que la negatividad era el hilo conductual de la narración. Se aceptan comentarios y sugerencias :)

lunes, 23 de marzo de 2015

Reto: La negativa

Al salir sintió el rocío de la mañana que suavemente acariciaba sus mejillas como rasguños.

Ese día el sol había decidido saludarla tímidamente detrás del cerro, abriéndose paso entre nubes para avisarle que hoy sería un bello día, y que procuraría evitar importunarla. Pintó de naranja las rocas cafés de la ciudad, y le ofreció claridad a los edificios para que vuelvan a ser habitados. Ella veía con desprecio este trabajo, que atravesaba las pupilas de las ventanas sin llegar al corazón del edificio, que sigue necesitando de fuego para poder distinguir las sombras de sus habitantes. Miró de nuevo al sol, de frente, amenazante. El pobre sol creía que a ella le gustaría que se esconda tras las nubes para que su calor se atenúe. Ella veía a las nubes como si fueran tapas falsas de libros que anuncian hablar del cáncer de pestaña para que nadie los abra, pero si alguien se atrevía a abrirlos, el contenido era más decepcionante que aburrido.

Las aves cantaban agradecidas por la libertad y por el regalo del sol que creían que era para ellas, cuando en realidad era para ella. Se preparaban para buscar comida para alimentar a sus crías cuando ella cuesta abajo las vio en su nido. Notó que estaba habitado por cucos, aves parasitoides que ocupan el lugar de las crías y son alimentados por los falsos padres. Ella sonrió. Un verdadero acto desinteresado, pensó. El supremo egoísmo de prolongar la propia vida convertido en la suprema caridad de dar la vida para prolongar la vida de otro. Felicitó a los padres sardónicamente por sus hijos adoptados. Si los pájaros hubieran entendido el idioma de ella quizá su reacción hubiera sido la misma. La decisión de amar ya había sido tomada, y a los animalitos les era imposible echarse para atrás ¿Pero acaso ella sí podía?

Claro que debía poder. Debía hacerle frente a los males del mundo que intentan engañarnos con la venda de la felicidad. Quieren que decidamos ser felices para que esta crezca como un cáncer y desplace a la voluntad. Y los ataques provienen de todos lados, ahora eran las flores que al paso entregaban su fragancia a ella junto a la primavera. Cordialmente les recordó a las flores que esa fragancia era el resultado de años de selección de horticultura, que ellas eran un monstruo diseñado para dar aroma a los seres humanos, y que los insectos que van por su néctar lo recogen es su única opción, porque el hombre ha acabado con todo. Les recordó su destino de ser cortadas, de vivir como ornamento, como un monstruo mutante que sólo puede perfumar y brillar para complacer a sus raptores, que la mayoría de las veces ni siquiera las notarán. Y cortó su discurso para poder caminar sin satisfacción, ya que esta podría dejar una puerta abierta para la felicidad.

Escuchó como cortaban el pasto cerca y abrió la lengua para saborear la llamada de auxilio de las plantas mutiladas. Se acostó entre las extremidades herbáceas cercenadas. Respiró profundo ese olor a muerte mientras permitía que cayeran sobre su rostro los ácaros del rocío de poda para que terminaran de aruñar su cara que sus primos del rocío de la mañana dejaron inconcluso. Con la boca todavía abierta, sintió lástima por los diminutos insectos que se tragaría cuando eventualmente tuviera qué pasar saliva. Pero se alegró de que la lástima le alejara de la alegría. Y recordó otra vez al amor. A su vieja decisión de amar. A la alegría que le trajo a tanta gente que la deseaba, y que la pudieron tener. Lloró tanto al saber que ella sin saberlo era un agente de los represores. Pero ahora contiene las lágrimas, porque ahora sabe que cuando la felicidad falla, es el remordimiento la segunda arma para tomar la voluntad. Tantas personas que logran ser infelices terminan dedicando su vida a ser perdonadas, e inocentes entregan su voluntad por el perdón. Derrotadas por el remordimiento, el peor enemigo de ella que a tanta gente hizo feliz.

Mientras se levantó, ella deseaba tanto que supiera alguien de esta lucha. Alguien dispuesto a enfrentarse a la felicidad y al remordimiento. Pero por ahora su única aliada era la libertad. La libertad que le permite decidir lo ella quiere hacer. Y decidida a ejercer esa libertad, aunque sea lo único que haga, llegó a su destino. A ese interior que le cubre del sol, que le da las sombras que son su verdadero acercamiento a la realidad.


Ella entonces optó por checar tarjeta y comenzar su turno laboral.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nuevas épocas

Después de un tiempo de no escribir, no veía dirección a mi vida. La encontré en el Jositivismo. Es una postura filosófica mantenida por una sociedad hasta ahora secreta llamada Sociedad Josística, y no creo que su maravillosa sabiduría deba desperdiciarse con el secreto. Como buen populista, compartiré lo que pueda sin que mi vida corra peligro. Lo haré por partes. Leelas.

Sobre el Jositivismo (Parte 1)

Ahora que me he convertido al jositivismo, es mi deber como nuevo miembro el tratar de lavar el cerebro a otros como lo han hecho conmigo. Debo hacerlo o la Fuente de los Licuados Perpetuos podría castigarme con su ausencia. Así, comenzaré con el primer postulado:

1.- Tenemos derecho a sentir

Una vez que formas parte de la sociedad, se te da un permiso que no necesitas. Un permiso de algo que ya hacías, pero que tal vez nadie te había dicho que podías hacer: sentir. No podemos tener libertad de acción, sólo podemos actuar bajo ciertos parámetros, y sería estúpido hacer todo lo que queramos sin tener en cuenta las consecuencias. No podemos tener libertad de pensamiento, los pensamientos suceden necesariamente condicionados y ya. Sin embargo, sí podemos tener la libertad de sentir, pero nos han hecho sentirnos culpables por ello. Pareciera que en la vida sólo podemos tener sin ser juzgados, o alegría moderada, o indignación por el “estado actual de las cosas”.

Pues aquí tenemos lo que no necesitábamos: derecho a estar tristes, o enojados, o celosos, o enamorados, o rencorosos, fervorosos, aburridos, adoloridos. Tenemos derecho a sentir repudio por los que son diferentes, lástima por los que sentimos inferiores, envidia por los que creemos mejores. Podemos sentir temor, indiferencia o desprecio por los dioses. También tenemos derecho a sentirnos culpables y a reprimirnos (muchas de las personas más agradables lo son porque se reprimen).

Pero entonces, uno podría preguntarse, una vez que consiga mi licuado ¿por qué querría quedarme? Yo ya podía sentir antes de pertenecer a la Sociedad Josística. ¿Qué es lo que los hace especiales?

Es nos lleva directamente al segundo postulado.

(Continuará)

domingo, 21 de febrero de 2010

.

Pa variar

Aunque yo generalmente sí tengo posturas en asuntos filosóficos, morales, etc, una de las razones por las que entré al doctorado es para conocer más perspectivas, incluso en los temas que dogmáticamente afirmo una verdad. También de ahí viene mi gusto por las pseudociencias: alternativas más allá de las aceptadas, vistas desde un cristal diferente a quien las acepta.

Durante una tarea, conocí un modelo cosmológico que me pareció muy interesante: la tierra hueca. Los modelos de tierra hueca son diversos, el que me llamó más la atención se llama "Cosmogonía Celular", que dice que vivimos dentro de la tierra, y cuando volteamos hacia arriba, vemos el centro del universo, el Sol. Es decir, al igual que Brahe, es un modelo geocéntrico y heliocéntrico al mismo tiempo. Hay muchos artículos sobre estos modelos, la mayoría para burlarse de ellos, entre ellos está el que mando, que quizá no esté "indexado" ni nada parecido, pero es el primero que vi y que explicó la teoría claramente, aunque sea para refutarla: http://www.lhup.edu/~dsimanek/hollow/morrow.htm

En este modelo podemos ver como, utilizando premisas alternativas (como la no linealidad de la luz), podemos explicar muchos fenómenos sin necesidad ni de un espacio infinito o de física newtoneana o aristotélica.

Por otro lado, este mismo autor tiene otra página muy interesante para quien se interese por nuestra percepción de la ciencia ¿realmente entendemos tan bien como creemos los fenómenos que aprendimos en la escuela? Yo me tuve la sorpresa de descubrir que no es así. Mi papá y yo tuvimos una discusión muy divertida con la pregunta "¿qué hace que una rueda se detenga?. Este documento es muy largo, pero un problema diario para reflexionar vale la pena: http://www.lhup.edu/~dsimanek/scenario/insight.htm

Si se toman la molesta de checar algún link (en especial el primero), comenten...

jueves, 4 de febrero de 2010

De nuevo

Hey, tenía que desoxidarme con eso de la escritura. De hecho no lo hice, este escrito fue redactado en vacaciones, mientras entrenaba con mi hermano. Espero agrade.

Y nada más



Narrador: Ya todo había terminado. Ya no había nada que hacer ni objetivo que perseguir. Se miraron a los ojos. Ella sonrió. Él no.

No podían decirse adiós, aunque ambos lo deseaban. Su hijo sí se los dijo, y se fue.

Estuvieron en silencio un rato más. Vieron partir lentamente al joven, esperando en cada uno de sus pasos que volteara. Cuando lo llegó a hacer, esperaban que regresara. Un murmullo de “adiós” cuando la maleza terminaba de ocultarlo fue lo único que rompió el silencio, para repararlo inmediatamente.

X: Aquí nos quedaremos nosotros.

Y: Como si tuviéramos opción.

X: Sí la tenemos, siempre hay opción.

X: Dímela.

Y: Volver a enamorarnos.

X: Terminó, entiéndelo.

Y: ¿Qué no es el fin siempre un nuevo comienzo?

X: Sí, de algo diferente.

Y: ¿Y si yo no quiero algo diferente? ¿y si yo te quiero solo a ti?

X: Entonces no lo habrías hecho.

Y: También podemos separarnos, cada quién por su lado.

X: ¿A dónde?

Y: Podemos acompañar a nuestro hijo.

X: Solo le estorbaríamos, no nos necesita.

Y: Yo le necesito.

X: Entonces ve tú.

Y: No te dejaré sola.

X: Entonces quédate.

Y: ¿Para qué?


Narrador: El silencio estalló de nuevo, y retumbó hasta el día siguiente.


X: Ahora que somos libres, ¿hay algo que te gustaría hacer?

Y: No.

X: ¿Has cumplido todo lo que te has propuesto en la vida?

Y: ¿y tú?

X: No.

Y: Pues sal y hazlo.

X: ¿Cómo?

Y: Tú mismo lo dijiste, somos libres, podemos hacerlo.

X: Ya no puedo, sólo me queda soñar con hacerlo.

Y: Envidio tus sueños.

X: No soy para envidiar ¿y cómo es que tú cumpliste lo que te propusiste?

Y: No pidiendo mucho, una familia, un hijo, casa propia.

X: ¿Nada más?

Y: Nada más.

Narrador: Por la noche, su segunda noche de libertad, ambos soñaron. Cuando despertaron, contaron sus sueños. Nuevos sueños. Empezaron a planear. Se sintieron felices. En la tercer noche, siguieron planeando. Ambos soñaron en la cuarta noche. Planearon en la quinta. Planearon en la sexta. Y nada más.

domingo, 25 de octubre de 2009

De tiempos que nunca existieron...

Saludos.

Ojalá guste este ejercicio. La idea cuando lo pusieron era describir, pero pues lo mío era la narración, así que disfrútenlo de todos modos.

Pueblito querido

Nunca imaginé que el día que volviera sería en barco. Recuerdo las caminatas: de la playa al centro eran en ese entonces cuatro horas de camino. Ahora sólo está a cinco minutos. Pero sigue siendo muy bonito, ahora en lugar de policías y vagos, encontramos pescadores. La pesca ha vuelto, ya nada de enfermedades por comida contaminada, mi puerto querido está en auge comercial; pero basta de melancolía.
- ¿Dónde está su líder?
- Señor, se debe referir a Don Seferino, el único aquí que sabe leer y escribir. Él trata con los extranjeros.
- Donde.
- ¿Dónde más? en la única casa de material.
La ciudad definitivamente ya no se puede decir que esté en ruinas, porque lo que antes era ruina, ahora es base para las construcciones. ¿Casa de material? Me imagino que ni siquiera sabe qué es eso, pero lo entendí, me dirijo a la parte más alta de la ciudad. Mientras que en la parte baja, donde ahora es mar, estaban los mercados y la prostitución cuando vivía aquí. Me gustaban esos lugares, pero les tenía miedo. Ahora que soy mayor, la ciudad se ve más pequeña, es difícil recordar porqué tenía miedo.
Al llegar, toco la puerta, sale un señor, el mayor que he visto en el pueblo, debe tener unos cuarenta años, la mitad de mi edad, no creo que aquí alguien viva más que eso.
- Don Seferino, saludos.
- ¿Qué se le ofrece? (me dijo)
- Pues anduve paseando con nostalgia por su pueblo, yo nací aquí, ¿sabe?
- ¿Y en qué le puedo servir?
- Vine a informarle que me llevaré a sus mujeres jóvenes para que tenga hijos en donde ahora vivo, y que me llevaré a sus adultos para que pesquen allá. La gente de donde vengo no sabe pescar, ni piensa aprender.
- ¿Qué pasará conmigo?
- Nada, no quisiera incomodarlo, solo quería informarle antes porque yo quiero mucho este pueblo, para que informe, divulgue y todo eso, y así evite que vengamos y lo tomemos por la fuerza. Invente una religión y diga que son sacrificios a los dioses o algo así.
- No lo haga.
- …
- Está bien… gracias por avisar.
- Fue un placer hacer negocios con usted, seguimos en contacto.
De regreso al barco, paso por donde antes vivía. Lo usan como carpintería. Me dará gusto tener a estas personas como esclavos, recordando mi infancia. Seré feliz otra vez.

domingo, 18 de octubre de 2009

Gomitas

I

- Es ridículo. (Dijo el antiguo jefe) ¿Por qué está esa mujer en un camino de gomitas? ¿Quién les dijo que las gomitas eran eróticas? Entiendan: no por acompañar a alguien desnudo, todo se vuelve sexy.

Sin embargo, las ventas subían.

II

No puede ser, ha cambiado por completo el sentido del público objetivo. Ahora las gomitas son eróticas. Ahora vemos en paredes de los talleres mecánicos ¡un pandita! Salen revistas con portadas de distintas formas de gomitas. Se les ha prohibido a los niños las gomitas. Gomitas, gomitas, gomitas ¿Y las mujeres?

III

En los cuartos de los niños, las cosas siguen como antes: camas desordenadas, fotos de su familia y de mujeres desnudas en las paredes. Las gomitas son tabú, las mujeres no.

IV

Ya había cambiado el mercado objetivo de las gomitas al público adulto masculino (y alguna chica rebelde). Pero ¿qué hay de la mujer? Intentaron poner a un negro desnudo en un camino de chocolate.

No aumentaron las ventas del chocolate, aunque sí de los clubes de chip n’ dale.

V

Qué triste eran los días en que la ropa no se comía.

Ejercicio

Me gustó este ejercicio :)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Más adentro

A continuación la historia "Allá afuera" después de tallerear. Ojalá puedan decirme si hubo una mejora verdadera.
[EDICION: agregué la cita al principio y arreglé algunos problemas de continuidad]

Allá afuera


--> --> --> --> -->
Me alegra tanto oír tu voz aunque dormido,
por fin viajabas como en tus sueños,
buscando un sitio para volver”
-Ella Baila Sola, Cuando los Sapos Bailen Flamenco

Es curioso, al caminar duele la espalda, fatiga, siempre que sales en al menos algún momento huele feo, pero lo sigues haciendo. Me gustaría hacerlo acompañado, pero por lo general, lo hago solo. Hay tantas risas y llantos que se han ido con la naturaleza porque casi no hay persona a la que haya podido compartírselas. A mí me gusta el atardecer, aunque no rechazo un buen amanecer cuando se presenta la oportunidad, sin embargo, hoy sólo me tocó encontrarme el sol en su apogeo, quemándome, evaporando mis lágrimas. El sol se llevó la mayoría de ellas, aunque logré guardar algunas para depositarlas cuando llegara, aquí adentro. Aquí adentro, las lágrimas no fluyen, se estancan. Aquí adentro, las heridas no sangran, gangrenan. Aquí adentro no se vive, allá afuera sí.

Tuve fe en mí mismo, en que conseguiría ser amado; había puesto la fe en el único lugar que conocía: en el fracaso. Por favor, termina de leer esto, no quiero que me ignores. Quiero que recuerdes que existo. Quiero que me entiendas: no le estoy hablando a ella, te estoy hablando a ti, es sólo que ella aparece siempre que hablo.

Qué bueno que salí a caminar. Adentro se está aprisionado. Qué triste que en algún momento tenía que regresar. Y pensar que utilizo ahora mis momentos adentro para describir el afuera, mientras pienso en ella.
Mi perrita me solía lamer la cara, le gustaba mi sabor salado. Es tan linda, la quiero mucho. Ella mató a su madre adoptiva, pero no siente remordimiento, vive feliz, ni siquiera sabe que tiene algo que perdonarse. Yo no he olvidado su egoísmo, pero la quiero mucho. Ella era lo más afuera que tenía aquí adentro, me lamía  mis heridas. Está afuera aquí adentro.

Mi perrita no puede ser perdonada, no conoce la diferencia entre el bien y el mal. Pero la mujer, esa sí puede ser perdonada, ese es mi reto. A veces me pregunto qué tantos pecados, de los que el humano desconoce haber hecho, serán perdonados y cuáles serán los que nos condenarán. Sabía que si no perdono estoy condenado a una vida de amargura. Condenado a una vida aquí adentro. Es por eso que me puse a buscar afuera algo que me libere de la condena, algo que me perdone por mi rencor.

Empecé con una obsesión por la limpieza, dejé aquí adentro impecable, claro, dándole su espacio a mi perrita para que ensucie todo lo que quiera. Ella me enloquece. En una casa limpia hay más espacio para los charcos, y si me sirvió: en lo que me sentía más a gusto obtuve charcos más grandes. Busqué ayuda psicológica, me la dieron agentes de bienes raíces, me enseñaron: interiores con muros más amplios, suelos mejor pulidos, segundos pisos, aunque ninguno con la calidez de donde yo venía. Ninguna de esas paredes combinaba conmigo acompañado, y en ellas no cabría su retrato, lo cual era bueno y en un principio me entusiasmó, pero me di cuenta que moverme de interior no cambiaba el que siguiera siendo un interior.
Algunos amigos me llevaron con un señor que decía que podía sufrir por mí. Me gustó. Ella ya me había hablado de él, que desde niña le entregaba parte de su dolor…

(Claro que hablaba con ella ¿acaso crees que estaría tan perdidamente enamorado si solo la viera? Si es guapa, pero su olor, su voz… ella es la cacofonía del incienso, el hedor de la música. Me embriagaban sus ojos desnudando los míos. Mi sangre en sus uñas. Discúlpame si no soy buen poeta y no tengo palabras para su sabor, pero tampoco necesitas saber más).

Lo probé. Muy amable, el señor me dijo que me perdonaba de cosas que yo no sabía que debían ser perdonadas, eso fue una buena carga que me quitó de encima, no sabía que la tenía, claro está, pero menos carga siempre es buena. Le pregunté por qué lo hacía, me dijo que porque me amaba. Obviamente, primero me hice un poco para atrás, la vida me había hecho recordar aquello que nos decían de niños: no debemos confiar en extraños; pero él realmente se ganó mi confianza. Veía como mis amigos gustosos iban y se entregaban casi diario para sentirse más ligeros, lo querían mucho, literalmente, adoraban al señor. El señor lo único que les pedía es que fueran a liberarse solo con él, y que de ser posible, le llevaran más amigos para entregar su carga.

Al principio, me sentí mucho mejor, más ligero, pero entonces, me empecé a cuestionar el porqué él hacía lo que hacía, ¿acaso era un masoquista? De ser así, con gusto seguiría dándole mi carga, pero él no dijo ser un masoquista, él dijo que me amaba. Entonces empecé a sentir remordimiento, si él me ama, yo al corresponderle no debo hacerle daño. Dañar a quien amas, pensé en ella otra vez, dañar a quien le ama.
Otra cosa que había escuchado es que su papá tenía un tenía un alto cargo internacional, y que el hijo era una especie de embajador que venía para llevarse nuestras cargas porque si no, no podríamos ir a ver nunca al papá. Al parecer, para quienes adoraban al señor, no conocer a su papá era tan horrible como era para mí no verla nunca a ella. Entonces yo pensé que era un padre muy desconsiderado, al poner a su hijo a hacer todo eso si simplemente podría aceptarnos con las cargas, o pedirnos que las tiremos al entrar. Digo, él hacía las reglas, ¿Porqué hacer sufrir a alguien, en especial su propio hijo, con ellas? Lo que sí advirtieron firmemente era no irse con la competencia, que era una sucursal que se había desprendido, y que por medio de promesas quería robarle clientes al señor, ofreciendo con mentiras productos de malísima calidad.
Me habían acogido en la casa del señor, sin mi perrita. Este adentro era cómodo, pero mi recuerdo y ella se encontraban afuera. A ella ya la habían acogido antes, pero se había ido buscando espacios más grandes, ya me había dejado atrás. El lugar era cómodo, pero empecé a sentir que mientras menos creía que hacíamos lo correcto, más mal hacía quedándome aquí.

Un día, no aguanté el remordimiento y le dije al señor que sabía de un modo más eficiente de deshacerme de mis cargas sin hacerle daño. Había leído que cuando un ser vivo muere, su cuerpo alimenta la tierra. En vida lo hacían también sus deshechos. Le pregunté si entregarle mis lágrimas a la tierra, si repartir mi carga por el mundo, si permitir que el sol se llevara mi agua al medio día era irme con la competencia. Me dijo que donde quiera que yo estuviera, ella no me querría; me recordó que él me amaba, y también a ella, y que desperdiciaba mi amor con alguien que no lo devolvería. Antes que azotara la puerta, escuché que podía seguir buscando casa si quería, pero que siempre tendría mi verdadero lugar con él, porque lo necesitaba.
La verdad es que nadie lo necesita. Nadie me necesita. Si el señor no me tenía rencor si no me quedaba con él, yo tampoco debería tener rencor si ella no se quedaba conmigo. Confiado en que mi perrita me encontraría otra vez, pensé un tiempo en eso mientras buscaba un buen interior, pero entonces me invadió un corolario: si yo no iba a buscar otra vez al señor, ella no me iba a buscar otra vez a mí.

Sabiéndome solo, disfruté el camino a mi vieja casa como nunca, sabiendo que mis lágrimas nunca más serían desperdiciadas, que cada vez que una se evapora, que sangra una herida, que pienso en ella, a nadie le importa. Nadie se sentirá triste por mí, porque todo la naturaleza se lo traga. Me acordé de ella, pero tampoco importa, siempre me acuerdo de ella, siempre sé donde está, ella no ha querido saber dónde estoy. Entonces me acordé de ti.

Es a ti a quien cuento todo esto porque sé que ella no lo leerá, al menos confío que con tu inseguridad, has de revisar todo correo. No tienes nada de qué preocuparte, ella nunca me quiso. Nunca lo hará. Yo sé porqué te eligió: los dos éramos indigentes. Tú le ofreciste techo, ella no lo iba a rechazar. Por eso te digo todo esto, porque sé que tiene miedo de salir.

Duele la espalda, fatiga, nos encontramos con olores raros, pero es muy agradable salir y caminar. Sácala de vez en cuando.